sábado, 27 de septiembre de 2014

De la “charla” al sujeto político

Sábado, 27 de septiembre de 2014

Por Eva Giberti *
 
Desde una cercanía ficticia, que puede solventarse desde un escenario o desde una mesa a la misma altura del público, hoy en día los y las conferencistas circulamos replicando la añeja tradición medieval de la cátedra. Es interesante tener en cuenta cuándo apareció la idea de dar una “charla” en lugar de solicitar una conferencia. Parecería que solicitar “una conferencia” constituyese una exigencia y, además, es obvio que debe proponer sus honorarios. No es obvio, pero sería conveniente que así se aprendiera.
La “charla” impresiona como de entrecasa, como si quien la dicta no aportase todos sus conocimientos sino “un poquito”, algo doméstico, como de sobremesa.
Se descuenta que sin honorarios. Imaginando que
quien diserta no tuviera que prepararla; se diferencia del conferenciar porque se estima que éste reclama importantes conceptualizaciones.
Habermas y otros se ocuparon de estudiar la historia de los públicos porque era útil para revelar costumbres de las épocas. La experiencia personal enseña que cada vez que una se enfrenta con el público de un ámbito urbano, o de un cordón suburbano o comparte una agrupación tribal, si calcula que quienes asisten sólo pretenden escuchar, se equivoca; lo que estos públicos invitados esperan es que los acompañemos a pronunciar las palabras que coyunturalmente nos han cedido, como un hecho político.
Pero no todos los públicos saben que protagonizan un hecho político. Se lo reconoció de ese modo cuando desde los estertores del terrorismo de Estado pudo rehabilitarse la palabra y la gente, aún temerosa, comenzó a juntarse para contarse y contar lo sucedido. Y aunque la palabra “participación” se instaló en el horizonte, todavía estaba tibia y conversada por una minoría esclarecida.
Hoy en día también se asiste a estos encuentros para aprender acerca de algunos temas. Pero actualmente el público está formado por sujetos políticos con derechos, cuyas preguntas pretenden abrir un poco más el campo del conocimiento, además dar testimonio de su existencia.
Entonces se trata de pensar si a estos públicos se los invita para que escuchen una charla o una conferencia, aunque finalmente quien expone no diferencie el calibre entre una y otra. La charla parece democratizar entre quien expone y el público: como si dijera “somos iguales y vamos a charlar”. Lo cual es excelente. Entonces, ¿la conferencia? ¿Para la universidad? No, evidentemente no. Puede haber conferencias magistrales sin preguntas a posteriori o acompañada por preguntas finales, según el estilo de quien expone. Pero parecería que en la conferencia la categoría del conocimiento se modificase, refinándose.
Resulta interesante analizar a estos públicos que no necesariamente disciernen si asisten a una charla o a una conferencia. El problema lo tiene quien expone, que debe saber hasta dónde va a avanzar en cada circunstancia; si se referirá a una cuidadosa bibliografía o si en una charla repetirá alguna idea célebre de memoria.
Cada oyente lleva consigo no sólo el interés por la escucha, sino su historia personal, los datos de su entorno, su propia filosofía y actualmente la pretensión y convicción política de participar. Este último punto es nuevo, porque si bien en décadas anteriores se participaba, no necesariamente había conciencia de participación como instancia política. Se pedía la palabra, se hablaba, se le respondía o preguntaba al orador, pero la conceptualización de participación pública como icono del hacer política no resultaba evidente.
En la década del ’60, cuando planteábamos la educación de los hijos en Escuela para Padres, los asistentes concurrían en clima de lealtad agradecida por lo que se exponía: no se asumía que hablar de la educación de los hijos era hablar de política.
El público actual sabe que siempre está hablando de política. Lo sabe aunque no tenga conocimiento de ello. Es el saber que no precisa del conocimiento para ser saber. Es el papel activo de los sujetos sociales en la política y en la historia como lo pretendía Gramsci, cuando se juega la libertad del pensamiento y la palabra frente a las democracias liberales que implementaban sujetos a-políticos.
Las preguntas del público actual, a veces dubitativas por el temor de transmitir intimidades si se mencionan temas sexuales, se formulan sin embargo, necesitadas de la escucha. O bien puede ser la narración de una injusticia inadmisible o la denuncia de una arbitrariedad existente. Y no se asemeja a las asambleas barriales del año 2002.
El fenómeno, que aún no es la emancipación gramsciana, es político en el compartir con los otros invitados y no sólo con quien dicta conferencia o “charla”. Aun llamándola “charla”, el público le atribuye la autoridad de la cátedra, cuando en realidad son ellos los protagonistas de la participación política, inclusive cuando desatan la necesidad de “dar testimonio”.
Se escuchan y se agrupan reconociendo el liderazgo de quien expone sin subordinarse obligatoriamente hacia él o ella. Es preferible que quien expone se desmonte de la cátedra para comprometerse con la responsabilidad de estar acuñando, en conjunto, un fenómeno político propio de estos tiempos.
Para quienes tenemos muchos años de vida dictando charlas y conferencias, el registro del cambio es notorio, si bien al público le parece normal proceder como lo hacen. Es normal ahora y nuevo, diferencia que podemos evaluar quienes venimos hablándole al público hace cincuenta años.
“Bueno, pero todo cambia... No hay razón para asombrarse... “Pero sí hay razón para mencionarlo porque los públicos anteriores, habituales en aquellas épocas, eran la contraparte de varios de los actuales públicos y forman parte de la historia de la globalización y de la emergencia del subdesarrollo. Aquellas eran épocas donde todavía no se reconocían los públicos que eran ajenos a las democracias noroccidentales, los que tienen sus propias culturas, campesinas, tribales, transgéneros, villeros, adolescentes, marginales, y que están prescriptos en tanto no comparten los manuales de urbanidad que los convierta en públicos prolijos. Tienen su propio estilo de aprendizaje y de docencia, su propio decir y su escucha. Crean su participación política como efecto de su existencia e ignoran –no quieren saber– que algunos sectores esperan de ellos un acomodamiento disciplinado y el aprendizaje del papel como público según el diccionario, siendo espectadores. Que como tal son participantes de hecho y no de derecho. Porque el participante en ejercicio de derechos es aquel que interviene, actúa y alterna, a veces sustituye el discurso por la intervención. Hasta que logra acoplar discursos e intervenciones y tienen éxito, para sobresalto de quienes charlaban o conferenciaban acerca de ellos cuando eran los públicos ajenos a las democracias noroccidentales, algunos de ellos congelados por los derechos humanos a los que hubo de calentar impulsando intervenciones.

* Psicoanalista.

Fuente: Página|12

martes, 23 de septiembre de 2014

Casorio contra viento y marea

23 de septiembre de 2014

Viviana y Andrea se casaron en el Registro Civil de Uruguay. Una de ellas estuvo 17 años. La otra, 7. Las leyes de Salud Mental y de Matrimonio Igualitario las habilitaron a dejar la internación y a casarse.


Dos mujeres externadas del Hospital Moyano se casaron ayer en una emotiva ceremonia en el Registro Civil central de la Ciudad de Buenos Aires. Llegar al casamiento, del que participaron sus curadores y el equipo de la Defensoría General de la Nación, no fue fácil. Desde el momento en que la pareja decidió casarse, debió enfrentar numerosas objeciones por parte de la Justicia porteña, que dudaba de que comprendieran el sentido del compromiso y de sus consecuencias. Durante el acto, la funcionaria que las casó exteriorizó el sentimiento de todos los presentes, al remarcarles a las contrayentes: “El amor sana, el amor cura”.
“El mejor amor entre dos personas es el que hace que ambas se ayuden a ser más libres”, les aseguró la funcionaria Liliana Sofía Gurevich a Viviana y Andrea, de 58 y 32 años, antes de la ceremonia de los anillos y de la lluvia de arroz. Las mujeres se animaron a llevar a los papeles una historia de amor que ilumina el nuevo paradigma de salud mental, que pone a las personas con padecimientos mentales en el lugar de sujetos con derechos.
Viviana fue externada del Moyano luego de 17 años de tratamiento neuropsiquiátrico, mientras que Andrea pudo hacer lo mismo en siete años. Ambas se enamoraron cuando estaban internadas y, luego de que unas amigas en común las presentaran, nunca más se separaron. Su unión legal fue posible gracias a las leyes de Matrimonio Igualitario, sancionada en 2010, y de Salud Mental, de 2012.
La Ley Nacional de Salud Mental significó una transformación de paradigma, debido a que puso el foco principal en el sujeto y sus derechos. La nueva norma consagra y reafirma explícitamente la condición de sujetos de derecho de las personas con padecimientos mentales, su autonomía y su capacidad para tomar decisiones respecto de lo que les sucede.
Sin embargo, el casamiento tuvo lugar después de que lograran atravesar varios contratiempos durante varios años. En este sentido, los dispositivos de la Defensoría General cumplieron un rol fundamental para que la pareja lograra dar el sí ayer en el Registro Civil.
“Hemos conseguido mucho en todos estos años desde que Viviana y Andrea decidieron ser pareja y casarse”, coincidieron Eduardo Corneo, curador de Andrea, y María Adelina Navarro Lehittede, de Viviana, quienes tienen declaraciones judiciales de incapacidad e inhabilitación, respectivamente.
Corneo explicó que desde que las mujeres plantearon que querían casarse “se las evaluó reiteradamente, debido a que distintos operadores jurídicos tenían objeciones. No obstante, pericia tras pericia quedó confirmado que ambas comprendían perfectamente el acto y sus consecuencias, y que el vínculo entre ellas era sólido”.
El trabajo de ambos abogados, que son titulares de las curadurías 18 y 9, también consiguió que el Ministerio de Desarrollo Social del gobierno porteño les otorgara un subsidio para que las mujeres pueden alojarse en un hotel de la Ciudad de Buenos Aires, ya que no cuentan con recursos para acceder a una vivienda propia.
Además, debieron presentar una acción de amparo contra el Gobierno de la Ciudad para asegurar que el pago del hotel sea sin límite temporal. En mayo de este año se obtuvo
una medida cautelar que ordenó también al Ejecutivo local a reincorporar a las mujeres al Programa de Emergencia Habitacional hasta tanto recaiga una sentencia definitiva.
Cuando la jueza Gurevich se refirió a los “seres queridos que habían sido convocados a este día tan especial”, Andrea contó que su familia no estaba presente, pero enseguida al escuchar que la jueza le preguntaba quiénes eran las personas que la estaban acompañando, se desdijo: “Son mis seres queridos, tenés razón”.
“La peleamos desde adentro y desde afuera. Desde afuera es más difícil, pero es mejor, porque tenemos libertad”, reflexionó Andrea ante la jueza que las casaba. Por su parte, Viviana contó en plena ceremonia que son una pareja que aprendió a vivir “compartiendo cosas, como limpiar, ordenar y salir a hacer las compras”.
Además del equipo de abogados y trabajadores sociales, que acompañaron la ceremonia con mucha alegría, estaba un hermano de Viviana, quien emocionado asistió a la cita, definida por la jueza como “una fecha que quedará subrayada para toda la vida en el recuerdo de estas dos mujeres”.
Viviana y Andrea, por su parte, remarcaron que quieren que se conozca su caso “por tantas compañeras alojadas en el Hospital Moyano que, con sentencia de insania o sin ella, piensan que de allí no hay retorno”.

Fuente: Página|12

Una experiencia política y pedagógica

 23 de septiembre de 2014

Docentes y militantes de la Universidad Nacional de Cuyo investigaron el proceso de participación estudiantil y los cambios educativos desarrollados antes del terrorismo de Estado. También sistematizaron información sobre las víctimas de la represión.

La participación estudiantil en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) antes del golpe de 1976, la reforma pedagógica implementada por Roberto Carretero y Arturo Roig, entre 1973 y 1974, y las biografías de los estudiantes y profesores desaparecidos y asesinados durante la última dictadura son los principales temas que abordó una investigación realizada por docentes y militantes en la propia institución. “La recuperación de la experiencia del movimiento estudiantil y el debate por la reforma pedagógica de aquellos años tienen como objetivo traer e incorporar estos proyectos que existieron en la universidad y que, por lo que vino después, quedaron bloqueados. Hacer esa revisión no es sólo una cuestión de conocer el pasado, sino que nos interesa que sirva para discutir hoy qué tipo de universidad queremos”, contó Nazareno Bravo, uno de los docentes a cargo del trabajo.
El proyecto de extensión universitaria en que se basó la investigación se tituló “Participación política y represión en la Universidad Nacional de Cuyo durante la década de 1970”. Y como resultado de ese trabajo, la editorial de la universidad (Ediunc) acaba de publicar el libr
o Apuntes de la memoria. Política, reforma y represión en la UNCuyo. En un principio, la propuesta era confeccionar una lista precisa de los estudiantes y docentes desaparecidos de la casa de estudios durante el terrorismo de Estado. Hasta el momento se manejaban sólo los nombres reunidos por los organismos de derechos humanos, por lo que la institución decidió llevar adelante un trabajo propio. Se buscó así asumir la responsabilidad histórica de investigar estos hechos, en busca de una reparación para las víctimas y de “acercarse a una mejor comprensión para las generaciones futuras”, según la propia institución.
Mercedes Molina Galarza y Nazareno Bravo estuvieron a cargo de la investigación. Ambos son sociólogos, investigadores del Conicet y docentes de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNCuyo, pero además son militantes de la agrupación HIJOS. “Una vez que empezamos a hacer el trabajo para conseguir los nombres, fechas, datos precisos, nos empezamos a dar cuenta de que había muchísima información que desbordaba el primer objetivo”, explicó Bravo a Página/12.
El trabajo, del que participaron también Paula Baigorria y Esteban Tealdi, derivó entonces en tres producciones. El primero, un documental con el mismo nombre. Después, el libro y, por último, una página web que ofrecerá un contexto histórico, fechas y más datos.
La investigación se centró en entrevistas a estudiantes e “informantes clave”, protagonistas de la época. Se hicieron más de sesenta entrevistas en profundidad y se utilizó una plataforma documental, que incluyó diarios con noticias de la UNCuyo durante el período, fotografías, resoluciones, testimonios, relatos y análisis. “Se tuvo acceso al centro de documentación histórica de la propia universidad”, señaló el investigador.
Bravo destacó que, a través de este proyecto, es la primera vez que la universidad abre una instancia de revisión de su propia historia. No solamente hay una parte de homenaje a los estudiantes, sino que también surgen cuestiones vinculadas a la complicidad de la universidad. “Hay recuperación histórica, pero también hay un aporte al debate sobre la democracia y la universidad, las instituciones en general”, explicó, y destacó que esto sirve para pensar las particularidades locales del terrorismo de Estado. “El día de mañana esto puede resultar un material de consulta interesante para conocer cómo se dieron esos procesos en Mendoza”, sostuvo.
Otro aspecto del trabajo recupera material vinculado a los estudiantes desaparecidos, que facilitaron los propios familiares y amigos de las víctimas. En la selección de fotografías recuperadas aparece un montaje gráfico realizado por Silvina Barbanente, uno sobre el movimiento estudiantil y otro sobre las vidas de los desaparecidos. Dibujos de estudiantes de arte desaparecidas, pentagramas de alumnas de música, fotos personales y otros materiales.
Un apartado de la investigacón se ocupó de los debates pedagógicos de la época, vinculados a un proyecto liberador en conflicto con una visión conservadora. La reforma iniciada en el ’73, un proceso de discusión sobre la formación que la UNCuyo debía brindar, cobró un carácter formal bajo el impulso del entonces rector Roberto Carretero y su secretario académico, Arturo Andrés Roig, basándose en aportes de Paulo Freire. En ese proceso participaron estudiantes y no docentes y se introdujo una perspectiva latinoamericana en los contenidos. “Esto da un vuelco de 180 grados con el ingreso de la ‘misión Ivanissevich’, que produjo un retroceso conservador”, dijo Bravo. “Fue un proceso de reforma muy importante, pero que quedó trunco muy rápidamente.”

Informe: Aldana Vales.

Fuente: Página|12

viernes, 19 de septiembre de 2014

Conferencia abierta "Convivir y pensar juntos: Saber estar en las organizaciones"

Desde la Cátedra Comunicación y Sistemas de Relaciones Humanas queremos invitarlos a participar de la Conferencia gratuita denominada “Convivir y Pensar Juntos. Saber estar en las organizaciones” dictada por la Psicóloga Leticia Costa, que se brindará el Lunes 22 de septiembre del 2014.
La conferencia comenzará a las 20:00 horas y se realizará en el Salón del Colegio Nacional de la ciudad de Paraná. La actividad estará certificada.
Esperamos a todos aquellos que gusten participar de esta experiencia de formación que les permitirá una oportunidad para crear acciones colaborativas y nuevos aprendizajes de una visión compleja, dialógica y organizacional. Dentro de ese marco abordamos procesos colectivos de aprendizaje y cambio en las organizaciones.


Conferencista:
Ps. LETICIA DEL CARMEN COSTA Coordinadora de la cátedra de Comunicación y Sistemas de Relaciones Humanas de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos - UADER. Miembro del Equipo del Área de Aprendizaje y Desarrollo Organizacional – IRICE. Especialista en Enfoque Gestáltico y Dialógico.


Los esperamos !!!


Saludos cordiales. Equipo de cátedra

La ciencia y la universidad

Viernes, 19 de septiembre de 2014

Los profesores Alberto Kornblihtt, Felipe Fucito y Daniel Heymann compartieron un panel en el marco del programa La Universidad de Buenos Aires para el Siglo XXI. Hablaron sobre la producción de conocimientos científicos y su finalidad.

¿Para quién produce conocimiento científico la universidad? La pregunta, con el foco ya no puesto en cuál es el fin de investigar, sino a quién le sirven las conclusiones de la academia, fue el centro del panel Ciencia y universidad, que se desarrolló el miércoles pasado en el marco del programa La Universidad de Buenos Aires para el Siglo XXI. Allí expusieron los profesores Alberto Kornblihtt, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales; Felipe Fucito, de Derecho; y Daniel Heymann, de Ciencias Económicas.
El análisis sobre el estado de la investigación en la UBA a través del aporte de representantes de las distintas facultades que la componen es uno de los objetivos que plantea este programa. Aprobado en marzo de este año, La UBA para el Siglo XXI ya lleva cuatro encuentros orientados a debatir sobre los desafíos que encara la institución hacia el futuro y a generar diagnósticos sobre su actualidad.
La exposición de Fucito introdujo una nueva perspectiva en materia de investigación para una disciplina más bien profesionalista, como es el derecho. En su presentación, el especialista en sociología jurídica cuestionó a los profesores de la facultad que, pese a de-sempeñarse como juristas, abogados o jueces fuera de la institución, no llevan la práctica a los alumnos. “Teorizan lo más abstracto que pueden. Algunos tienden a ser incomprensibles, pero tecnicismo no significa ocultismo”, subrayó.
Fucito también se refirió al trabajo de los becarios en materia jurídica y reclamó que en su investigación también haya una parte orientada hacia la práctica. “Se investiga teóricamente el derecho y no se convoca a los becarios a ver qué está pasando”, criticó el especialista, para quien el derecho “no sólo se puede entender en un libro”.
Para Heymann, también es importante la interacción de los investigadores que forma la UBA con los propios estudiantes. “Es necesario convencer a la universidad” y a quienes investigan lo enriquecedor que es “interactuar con los estudiantes”.
Aunque su exposición estuvo enfocada hacia la investigación en el campo económico, Heymann señaló que quien trabaja puntualmente en economía debe relacionarse con otras disciplinas, como la sociología o el análisis político y, además, “tiene que aceptar el carácter provisorio de lo que investiga”.
Heymann también advirtió sobre la “exportación de talento” que se produce en ese campo. “Argentina exporta talento en materia económica. Hay gente excelente que se va a estudiar afuera, saca un doctorado y después no vuelve”, señaló. Eso también se relaciona, para Heymann, con el peso que tiene la academia internacional. “Hay una validación de la investigación a partir de las publicaciones internacionales, un factor que se impone de manera creciente”, consideró.
Por otra parte, para el economista, una pregunta clave que un investigador debe hacerse, no sólo desde el punto de vista de su carrera, sino también desde su responsabilidad, es pensar para quién produce ese conocimiento.
A su turno, Kornblihtt coincidió con ese punto. “La pregunta clave no es tanto ciencia para qué, sino ciencia para quién. A quién se sirve con la investigación científica”, remarcó el profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
“La universidad está íntimamente ligada a la generación de conocimiento. Y esto necesariamente implica investigar, ver lo nuevo, lo que no se conoce y no se ha visto todavía”, explicó Kornblihtt, cuya participación estuvo centrada en el análisis de los problemas en general de política científica universitaria.
“Hay que tener mucho cuidado porque hay instituciones que transmiten conocimiento, pero que no lo generan. Por lo tanto, no deberían llamarse universidades. La institución tiene que hacer investigación”, añadió el biólogo, a partir de un análisis de la dicotomía entre universidades públicas y privadas.
Respecto de una supuesta oposición entre masividad y excelencia, Kornblihtt aseguró que “no hay duda de que no son contradictorias”. “Nuestra universidad es una prueba de eso y esto se ve en los grandes cursos masivos. No es lo mismo dar clase a diez personas súper seleccionadas donde no hay masa crítica que dar clase a 200 o 300 donde surgen las voces disonantes y surgen las personas que tienen ideas novedosas”, destacó.
Para el investigador, esa contradicción, en realidad, es esgrimida “por el establishment para favorecer a las universidades privadas, porque consideran que en ambientes reducidos y con aire acondicionado se aprende mejor”.
Kornblihtt también analizó la idea de profesionalismo versus investigación científica en las instituciones universitarias y sostuvo que, más allá de las facultades con un predominio del perfil profesional, “sería interesante” que la UBA llevara adelante un programa para “ir convirtiéndose cada vez más en una universidad basada en la investigación y la ciencia y cada vez menos en una universidad profesionalista”.
“La universidad es discusión, es efervescencia, no es pensamiento único”, continuó el investigador. Para él, se puede “pretender una uniformidad en defensa de un supuesto saber” que en las carreras profesionalistas todos deban tener por igual. “Pero de ninguna manera se puede pretender uniformar”, concluyó.
El programa impulsado por la UBA continuará el próximo 1º de octubre. El siguiente encuentro pondrá a “la universidad en perspectiva histórica”, a través de las exposiciones de los profesores Víctor Ramos, Adriana Puigróss y Pablo Buchbinder, coordinadas por la decana de la Facultad de Filosofía y Letras, Graciela Morgade.

Informe: Aldana Vales.

Fuente: Página|12