lunes, 17 de noviembre de 2014

Villa Miseria también es Argentina

17 de noviembre de 2014

Por Mempo Giardinelli
 
Una circunstancia personal, que en este texto no viene al caso, me colocó ante un cuadro impactante que, creo, merece una reflexión y de paso homenajea a la extraordinaria novela de los años ’50 Villa Miseria también es América, de Bernardo Verbitsky.
Para visitar una escuela del conurbano bonaerense justo un par de días antes de la reciente huelga docente, recorrí en automóvil el camino entre la Capital y Bernal Oeste, municipio de Quilmes. El viaje resultó una fuerte experiencia sociológica por la degradación paulatina que se aprecia, calle a calle, a medida que uno se sumerge en esos andurriales.
La escuela está en una barriada de trabajadores y familias con muchísimas carencias, fábricas cerradas desde 2001 y una muy alta conflictividad social. Está al lado de la así llamada Villa Itatí, una especie de sumidero de aguas servidas y canales de desechos repugnante, incalificable. En esos parajes, a menos de una hora de Puerto Madero, viven (es un decir) decenas de miles de personas en condiciones absolutamente inadmisibles.
Parece mentira que en infames taperas de cartón, maderas y chapas, habiten seres humanos que, no lo dudo, trabajan o quieren trabajar. Y seguramente cada día renuevan esquivas esperanzas para no degradarse aún más, para no perder del todo la dignidad que les queda.
Chicos desnutridos con llagas en la cara y rodeados de perros famélicos y adolescentes embarazadas por doquier andan por ahí, buscando o escondiendo quién sabe qué en arroyos y canales asquerosos que a las nueve de la mañana ya despiden vapores irrespirables. Sin de- sagües, sin aguas corrientes, con toneladas de basura dispersa en calles y avenidas, toda idea narrativa para contarlo resulta corta, insuficiente.
Lejos de la visión burguesa entre culposa y piadosa de los que descubren la miseria más inhumana y brutal, tengo una larga experiencia en materia de pobreza argentina, en parte por labores periodísticas de los últimos 40 años, en parte por el trabajo social de la ONG que presido en el Chaco. Conozco de cerca la miseria de casi todas las capitales y ciudades argentinas, incluso pequeños poblados, y tengo contacto permanente con los sectores más postergados del Chaco, pueblos originarios o criollos. He recorrido los barrios marginales de Córdoba y todos los meses me enfrento a las repugnantes villas miseria que rodean a las ciudades de Rosario o Santa Fe, en la pampa más rica del país. Y entro cada tanto en El Impenetrable o en los territorios wichís del norte de Formosa o las afueras de Corrientes o Posadas.
Pero lo que vi la semana pasada en los alrededores de la siempre bella y casquivana Buenos Aires arde todavía en los ojos y supera todo lo conocido.
Obviamente, la Argentina ha cambiado para bien en estos años y es un hecho que pobreza e indigencia han disminuido dramáticamente en las estadísticas y en la realidad visible. Tenemos hoy mejores índices en casi todos los rubros sociales: disminuyeron la mortalidad infantil y el analfabetismo; creció la escolaridad y hoy las escuelas ya no son comederos para hambrientos expulsados del falso paraíso de los ’90. Y la expectativa de vida en este país ya superó los 70 años. Es imposible y necio ignorar todo esto, como la decidida inclusión social que impulsó el gobierno nacional en la última década y el hecho de que hoy toda esta nación está documentada y escolarizada, y las cartillas de salud también muestran un avance extraordinario.
Pero lo que se ve en Bernal Oeste también existe. Está ahí, y se repite en innumerables villas y menos que villas. Y resulta inexplicable cómo las autoridades y los opositores de todos los signos no lo ven. Prometen y siguen de largo, mirando para otro lado. Porque no quieren ver esa realidad espantosa que, por lo menos, afecta a dos, tres o más millones de compatriotas. Que encima deben soportar el oportunismo mediático de periodistas y medios inescrupulosos.
Lo más impresionante fue, para mí, comprobar que el grado de miseria que tenemos en el Chaco es menor que el de Bernal Oeste. Hoy en el Chaco sigue habiendo pobreza y miseria altísimas, por supuesto, pero es notable cómo ha disminuido en cantidad y calidad en los últimos años. Y, sobre todo, gran parte de la pobreza que persiste parece haberse dignificado si se la compara con este paisaje bonaerense. Que se reitera en todo el arco geográfico que va desde el río Paraná hasta donde el Río de la Plata se hace océano.
Claro que en Bernal Oeste también pude constatar que todavía existe, intacto y hermoso, un extraordinario amor a la educación pública. Vi un millar de chicos y chicas de los más humildes orígenes leyendo y estudiando en una modesta escuela pública sostenida por el amor, la abnegación y la fuerza de decenas de docentes. Y aunque la mismísima escuela sufre los ataques de algunos de sus propios, renegados miembros –ya que en esos barrios miserables no hay delito que no se cometa–, no por eso bajan los brazos.
Eso hace que el contraste sea esperanzador, aunque no cabe hacerse muchas ilusiones si se esperan acciones de las dirigencias políticas de todos los signos. No parecen ser ellas, ni tampoco las sindicales o empresariales, las que van a cambiar esos paisajes.
Por eso es admirable la tenacidad y espíritu de superación de esas muchas personas anónimas que luchan y tropiezan, pero jamás se caen. En ellos y sólo en ellos está un mejor futuro, qué duda cabe.
Y es claro que no deja de ser curioso que este artículo se escriba cuando el Congreso acaba de sancionar una ley declarando el Día de la Identidad y los Valores Villeros, en homenaje al cura Carlos Mugica. No está mal esa ley. Sobre todo si acaso fuera el prólogo de la dignidad villera, que seguramente se alcanzará cuando las villas miseria desaparezcan y este país sea más justo para todos.

Fuente: Página|12 

jueves, 13 de noviembre de 2014

La dignidad no se negocia

Jueves 13 de Noviembre de 2014

“Largo, como esperanza de pobre” reza el dicho. Y aunque parezca una ironía, detrás de estas hostiles escaleras que nos llevan a Casa Solidaria, hay mucho más camino que trotar. Por Valeria Robin


 Facebook Casa Solidaria

Ni bien llegamos, nos recibe una familia, y sin necesidad de consultar nos indican donde está la guarida. No saben quiénes somos, pero eso no les impide la ayuda. Nos sorprende, porque no estamos acostumbrados a dar, y que nos den...mucho menos.


Una vez arriba, los jóvenes se acercan a charlar. Ya somos “uno más”.

El lugar habla solo. No hace falta preguntar ni escuchar mucho para percibir que hay buena vibra, y que no nos alcanzarían los dedos para contar las miles de batallas que hay detrás de los casi 30 rostros que merodean la sala.

Son las 21 del martes, y en Casa Solidaria se anuncia la cena, que... más que cena, parece una juntada familiar. El tablón se va colmando de platos y sillas que se arriman a la par de la música que no para de sonar.

Casa Solidaria es la “bondad hecha revolución”, es un espacio de todos y de nadie. Es un encuentro de guerreros. Aquí, el asistencialismo no tiene cabida.

En diálogo con El Entre Rios, Julián Jarupkin, uno de los pioneros de Casa Solidaria, nos cuenta: “Casa Solidaria es un espacio sin espacio, porque va mas allá de un edifico físico y de cualquier tipo de construcción temporal.

Los compañeros llevan Casa Solidaria a la calle. Todo lo que discutimos acá tiene una resonancia, desde lo físico hasta lo emocional y racional.

Construcción colectiva

“Venimos de distintos lados, tenemos distintas historias. Algunos han llegado acá porque eran de clase media y se quedaron sin trabajo. Otros vienen de la segunda o tercera generación familiar que la única posibilidad que han tenido es vivir en la calle.

Nuestra tarea es generar una construcción colectiva, partiendo del nivel singular de la problemática del compañero, y grupal, estableciendo vínculos con el grupo, hasta el nivel socio-comunitario, buscando problematizar con la ciudadanía”.

Como los grandes inventos, Casa Solidaria surgió en Paraná entre un par de estudiantes y locos que añoraban tener un mundo mejor. Motivados por el anhelo y la necesidad, surge el proyecto en la cátedra Psicología Social Comunitaria de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER).

“La universidad declara la iniciativa de interés bajo resolución 901/11 y en una reunión de rectorado lo elevan al Gobernador de la Provincia, más precisamente al Ministerio de Desarrollo Social. El gobernador decide que este proyecto tenia q llevarse a cabo a través del decreto 3034/11. Y a través de un convenio entre Sidecreer y Desarrollo social obtuvimos el alquiler de Carbó 171, en donde estamos, con el inmueble vacio y sin servicios, algo que fuimos ganando de a poco.

Renovamos el alquiler, luchándolo. Si bien Sidecreer paga nuestros impuestos, no tenemos apoyo institucional ni gubernamental”.



Desaparecidos de Ayer y de Hoy

El equipo que lleva adelante Casa Solidaria define a las personas en situación de calle como “desaparecidos sociales”.

“Una persona en “situación de calle” no es solo el que hace años está durmiendo sin techo. Aquellos que por alguna razón están temporariamente en situación de vulnerabilidad, viviendo en la casa de un amigo, o un albergue, también se encuentran en situación de calle”.

“La calle no es un lugar para vivir”

El equipo se identifica con el lema “La calle no es un lugar para vivir”, reivindicando el libro de Horacio Ávila, otro luchador de la vida que también apostó a la Auto-organización y a colaborar con los compañeros que están en situación de calle.

”La vulnerabilidad no es digna, bajo ningún punto de vista”. Es por eso que sostenemos que “la dignidad no se negocia”

Julián está convencido, no deja escapar ni la más mínima veta de inseguridad. Y todo lo que muestra de rígido, lo tiene de humano.
No importa en qué condición esté quien sea que se siente a su lado. La lucha es de todos, pero él hace propia la causa.

“Hoy en Casa Solidaria tenemos muchos compañeros que dignamente pueden decir que no al atropello, al abuso policial y de las instituciones.
El sistema está hecho para que los compañeros sigan en situación de calle. Es un sistema muy perverso. Nosotros desde la psicología bien sabemos que el perverso somete al objeto, y los compañeros en situación de calle son un objeto de este sistema”, expresa tranquilo pero sin bajar la guardia.

Los Derechos no se pagan

Casa Solidaria cuenta con un espacio de salud, a cargo de una médica y un Trabajador Social, además de la colaboración de estudiantes de Psicología y Trabajo Social.

Los martes se lleva a cabo “Contando Nuestra Historia”, un espacio grupal en donde se comparte el “día a día” con los compañeros.
Y lo más curioso de todo es que en Casa Solidaria, se brinda Asesoría Legal.

“Con el nuevo abogado que tenemos tuvimos que hacer reaparecer la figura del “Habeas Corpus”, (con lo que implica revivir métodos de una época macabra de nuestra historia) -desaparecida hace 36 años-, y el Habeas Corpus preventivo para anticiparse a la persecución policial.

Estamos a punto de constituirnos como una Asociación Civil y buscamos que en algún punto, el poder gubernamental se haga cargo de esta problemática, ya que es el ente por excelencia responsable y debiera ser protector y garante de los derechos”.
Militantes de la Vida

Casa Solidaria no busca banderas -políticas- partidarias ni otro interés más que el de devolver, acompañar y luchar por los derechos perdidos y negados, brindando un espacio de contención emocional y vincular, así como de organización social a quienes se encuentran caminando por la ciudad a sol y sombra.

Dos veces por semana se brinda comida, pero esto no corresponde a las actividades de los diez guerreros que fundaron Casa Solidaria. Si bien desde la agrupación se colabora en la organización, los ingresos son destinados por otro grupo que se dedica a dicha práctica.

Asisten a Casa Solidaria entre 50 y 60 personas, con irregularidad en su asistencia, y la franja etaria es múltiple: desde recién nacidos que van con sus padres, hasta adultos mayores de 65 años. Todos son recibidos y acompañados por un grupo de no más de diez personas, que en su mayoría son estudiantes universitarios.

Las personas que asisten a Casa Solidaria luchan hasta lo imposible, a pesar de que les hayan quitado hasta la identidad y el reconocimiento de sus cuerpos.

Son desaparecidos, sin duda, son objetos, a la deriva del clima y las fuerzas políticas, gubernamentales, y hasta instrumentos o chivos expiatorios de la fuerza policial.

Y las estadísticas hablan, y esclarecen el panorama casi sin pensar: 25 solo han sido “detectados” en situación de calle por la Municipalidad.
Cualquiera que camine hasta el trabajo, el gimnasio o el colegio sabe que hay, por lo menos, 200 personas en zona céntrica esperando ser reconocidas.

“Muchas veces desde los sectores políticos partidarios y gubernamentales se habla de “riesgos de vulnerabilidad”. No… sus derechos ya están vulnerados. Eso lo tenemos bien claro, no se puede negociar” sentenció Julián.

Autor: Valeria Robin


Fuente: ElEntreRíos.com 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El desafío de la familia tipo a los tipos de familia

Miércoles, 12 de noviembre de 2014

Claudia Vallori, presidente del Consejo General de Educación habló del nuevo concepto de familia y destacó la necesidad de comenzar en breve con los cambios en los acuerdos de convivencia.


Valeria Girard / De la Redacción de UNO
vgirard@uno.com.ar 

El concepto de familia se revolucionó en las últimas décadas y nos encontramos con chicos que hablan de la novia del papá, de los hijos del marido de la mamá, de sus dos papás o mamás con la mayor naturalidad del mundo. La sociedad se transformó y las familias ya no tienen un solo formato: están las familias tradicionales, las ensambladas, familias monoparentales y homoparentales.
La escuela es una de las instituciones sociales más importantes y completamente necesaria para favorecer la inserción de los niños en la sociedad que en su futuro como adultos deberán enfrentar solos. Ante estos cambios sociales la escuela y sus docentes están frente a un desafío muy grande, el de adaptarse.
Analizando la cuestión, la profesora Claudia Vallori, actual presidente del Consejo General de Educación de Entre Ríos recalcó a UNO que el Código viene a dar forma a una realidad que está instalada hace ya mucho tiempo. “La escuela no puede ser ajena a los cambios sociales y culturales. Hay instituciones entrerrianas que ya avanzaron muchísimo en esto de aceptar la pluralidad. Habrá otras a las que les costará un poco más, dependiendo de los docentes, de las pautas culturales, de contexto social en que esté ubicada”, detalló.
El nuevo Código Civil trae una nueva forma de familia y el cambio tendrá un efecto importante en la vida cotidiana. La norma, que reemplazará a un cuerpo legal que rige desde hace más de 140 años, tendrá vigencia a partir de 2016.
Servirá de mucho al docente adquirir el vocabulario y las metodologías para tratar estos temas en la medida en que, muchas veces, ellos pueden trasladar sus propios prejuicios sin darse cuenta.
Vallori sostuvo la necesidad de acostumbrarse al cambio. “Hay pautas que cambiarán por completo. La nueva norma habla de relaciones filiatorias, ya no de padre y madre, por ejemplo. Lo que hace el nuevo código es blanquear la realidad y los docentes nos tenemos que formar y mucho para poder acompañar y orientar a los niños y adolescentes en la comprensión de estas nuevas estructuras”, dijo.
Aunque el camino para estos cambios sociales está allanado, no todas son rosas y muchas instituciones educativas aún tienen mucho para hacer. Si bien las escuelas tienen que asegurar el derecho a la educación a todos los niños del país, este tipo de realidades impactan en instituciones con distintas orientaciones y aún no saben cómo resolver el dilema.
“Hay muchas escuelas que en el marco de la enseñanza de los Derechos Humanos avanzaron en las nuevas concepciones de familia, incluso de la mano de los mismos chicos, porque ya tenemos hijos de matrimonios igualitarios en la instituciones educativas”, mencionó la entrevistada.
También habló de la apertura mental de los más pequeños: “Somos los mayores los que tenemos estructuras más rígidas, marcas fuertes en cuestiones que tienen que ver con una cultura familiar. Por eso vamos a tener que aprender y mucho”, sostuvo.
Entre otras cuestiones Vallori destacó la necesidad de comenzar en breve con los cambios en los acuerdos de convivencia de las escuelas y más a futuro reformas en los manuales y textos de lectura obligatorios. En la pluralidad, en la diversidad y en las diferencias está la riqueza; si fuéramos todos iguales, no sería tan interesante la vida en sociedad.
Esto trae aparejado una mayor complejidad en la realidad social. Hay parejas basadas en el afecto y en un proyecto de vida compartido y no pasan por el registro civil para formalizar la unión; parejas integradas por dos personas del mismo sexo que después de la sanción de la ley llamada de “matrimonio igualitario” extendió una figura tradicional como el matrimonio también a estas personas; hay personas que tras la ruptura de una pareja anterior vuelve a formar una familia, teniendo hijos de la relación anterior e incluso, de la nueva pareja; hay personas que sienten que su identidad no se condice con su sexo y que desde mediados de 2012 no hace falta que pasen por un trámite judicial largo y lleno de informes médicos y psicológicos, para que puedan solicitar el cambio registral sin la necesidad, tampoco de una intervención quirúrgica de reasignación de sexo previa. Todas estas personas y tantas otras, cualquiera sea su condición social, sexual, económica, tienen derecho a que la legislación civil las tenga en cuenta y las valore con sus igualdades y sus diferencias
La discriminación no dejará de existir, pero la educación argentina está repensándose ante la irrupción de estos nuevos modelos familiares para poder contener y formar a sus hijos en un contexto de igualdad.

Fuente: UNO ENTRE RÍOS

jueves, 30 de octubre de 2014

Conferencia: “Derechos Humanos y grupos en situación de vulnerabilidad”



Viernes 31/10 desde las 18:30 hasta las 21:30hs. Es gratuita y entregan certificados.


Para quienes tengan ganas de ir, mandan sus datos a este correo: inscripciones@caer.org.ar


Nota en "El Diario": http://www.eldiario.com.ar/diario/interes-general/121158-abogados-proponen-reflexionar-los-ddhh-desde-una-perspectiva-amplia.htm

“Los textos rotos, los rezagos”

Jueves, 30 de octubre de 2014 

Al indagar sobre la condición latinoamericana de Enrique Pichon-Rivière, Horacio González concluye en que “el latinoamericanismo no es otra cosa que la visita absolutamente libre, libertaria, a los textos más importantes de la contemporaneidad, que son los textos rotos, los rezagos de una civilización a la espera de que otra los complete”.


Por Horacio González *
 
Latinoamericanizar a Pichon-Rivière me parece una gran oportunidad para pensarlo, para invocarlo y para reflexionar en torno de esta figura, que personalmente a mí siempre me interesó mucho. Quiero entonces, remontarme a una época un poquito más lejana que la de Pichon-Rivière, que es aquella en la que Buenos Aires recibe la noticia de la obra de Lautréamont, cuya lectura tendría tanto interés para él. Los primeros que lo leen en la Argentina son psicólogos o psiquiatras, a los que no les podríamos decir psicólogos sociales. Y lo hacen de una manera muy particular, que me parece inspiradora para replantear el interés por esos psicólogos y literatos que son sus primeros lectores y que me producen cierta invitación a relacionarlo con algunas
cuestiones que veo alrededor de la presencia de Pichon-Rivière en la lectura y en las prácticas psicosociales en Argentina.
Los primeros que leen a Lautréamont en Argentina son los miembros de un grupo humorístico, un grupo intelectual de características dramatúrgicas, digamos así, que es el grupo La Siringa: se reunían en el actual edificio de las Galerías Pacífico, que en algún momento fue un gran centro cultural donde participaba muy especialmente Rubén Darío, quien es uno de los que trae la lectura del Conde de Lautréamont a Latinoamérica. Y uno de los lectores importantes de Lautréamont es José Ingenieros, del cual se puede decir que, en la historia de la psiquiatría argentina, es un psicólogo social, aunque esa expresión no existiera. Ingenieros imagina que la obra de Lautréamont es una invención humorística y sarcástica de grandes simuladores. Su tesis es la idea de que hay una simulación que constituye esencialmente el ideal del Yo o la presencia del Yo en la sociedad. Y en ese sentido, imagina que textos inventados podrían dar lugar a una terapéutica. Y supone que esa invención es también un pacto literario, vinculado a un simulacro de capillas intelectuales de vanguardia. Es así que llega a Latinoamérica la lectura de Lautréamont. Los cantos de Maldoror es un gran libro, su gran reflexión onírica es el gran sacudón de la modernidad ese libro, el origen del surrealismo.
Ingenieros, erróneamente, y no sé si Rubén Darío, lo dan como la base inicial de un gran simulacro que podría transformarse en una terapia. Y es así que esta terapia vinculada al modo de desatar los núcleos de simulacro de la personalidad tenía que estar vinculada a la broma, al humor, a la invención de personalidades, al enmascaramiento de la personalidad, y el psiquiatra o el psicólogo debían asumir un enmascaramiento. En ese sentido, tenemos el caso de un pobre paciente de la época, uruguayo. Un caso que relata Ingenieros. Lautréamont, cuyo nombre civil era Isidore Ducasse, nació en Uruguay por una de esas raras peripecias del destino: el fundador del surrealismo es uruguayo, esto en un sentido amplio, latinoamericano. Su padre era cónsul en Montevideo, nada menos que en la época del sitio de Rosas. Y el paciente del caso que relata Ingenieros cree ser hijo del propio papá de Isidoro Ducasse y, por lo tanto, hermano del Conde de Lautréamont. Ingenieros sigue con la burla, le toma la palabra a este paciente porque piensa que la vía de la curación es explotar la cuestión Lautréamont, esto es, la cuestión del padre, de la ficción o, dicho de otra manera, del padre ficcional. Es decir, inventar textos o dejar que se inventen en fórmulas enigmáticas y ficcionales para la personalidad y que eso permitía de algún modo una suerte de intervención muy firme a través de un shock teatral humorístico, en el cual participaban el psiquiatra y el paciente del mismo modo. Por lo tanto, podemos suponer que la primera intervención en la historia de la psiquiatría, de la psicología o del psicoanálisis en Argentina, como lo quieran llamar, es este pequeño episodio alrededor de escritores, donde están implicados ni más ni menos que Rubén Darío y José Ingenieros.
Los intereses sociales y políticos de José Ingenieros y su contradictoria intervención en todos los ámbitos de la cultura nacional son evocaciones muy firmes de lo que se puede hacer con este mismo tema. Sería un error muy grande ubicarlo en categorías que ya no pertenecen enteramente a la comprensión analítica de este período: positivismo, biologismo, incluso racismo. Algo de eso hubo pero la primera experiencia de la psiquiatría en la Argentina, a pesar de que proviene de una escolástica positivista, es más libre de lo que pensamos. Y hoy la podemos rescatar de otra manera, porque es una fórmula irremplazable para dar cierta pertenencia en términos de una memoria psiquiátrica en la Argentina relativa a la cuestión del surrealismo.
Pichon-Rivière entra de alguna manera surrealista a esta historia, y de ahí la posibilidad de enlazarlo a esta formulación humorísticapsiquiátrica de Ingenieros. Y es surrealista de por sí su vocación personal, artística, estética, por sus compañeros de viaje, digamos. Son historias muy conocidas, no es necesario recordarlas aquí. Y se puede decir que este ciclo de la psiquiatría argentina va del Lautréamont de José Ingenieros, que lo considera falso, al Lautréamont de Pichon-Rivière, quien no lo considera falso porque efectivamente son escrituras que no han sido falsificadas. Pero que de alguna manera supone cierto nivel de dramatismo en la construcción del sujeto, lo cual no deja de tener cierta relación con el modo en que se estructuró ese grupo humorístico de principios de siglo XX, vinculado a los comienzos de un cierto psicoanálisis en la Argentina. José Ingenieros recibe el psicoanálisis pero lo desvía; no le interesa, porque le interesan más estas experiencias. Primero de base más biológica, podría no interesarnos ahora eso, y segundo de base más dramatúrgica, y eso sí puede interesar. Y en ese sentido, el compromiso de Pichon-Rivière con el surrealismo es la otra veta para interpretar lo presuntamente latinoamericano, puesto que el surrealismo es lo más latinoamericano que hay: es la formulación de textos, vinculados a la manera de escrituras que surgirían de los lugares innominados del “yo”, lo llamemos como se quiera, no quiero pronunciar los nombres canónicos, porque todos estos nombres para mí están bajo fuerte discusión. El surrealismo sería la irrupción de la diversidad temporal proveniente de un barroquismo del inconsciente, que da origen a una extensa literatura. Pero no solo eso.
En Breton, no hay ninguna duda de que hay una relación con Pichon-Rivière importante. Una relación parisina. Pichon-Rivière es hijo de franceses que están en Argentina, en el Chaco. Y no sólo Breton, sino que también convendría indagar sobre ese latinoamericanismo de los personajes de Horacio Quiroga. Los desterrados y Los destiladores de naranjas, por ejemplo, son personajes muy pichonianos, hay un desarraigo del francés que busca un arraigo finalmente imposible, como quizás es la categoría de lo imposible en materia de arraigos personales con cualquier cosa que sea. Ahí yo revisaría, en la perspectiva de colocar a Pichon en ciertos cánones latinoamericanos, la vinculación con la cuentística de Horacio Quiroga, que son todos personajes con una inmigración hacia la zona chaqueña y misionera muy parecida a la familia Pichon-Rivière. Es el ámbito ficcional, se dirá, pero no es tan diferente del vínculo intelectual que establece Pichon-Rivière con André Breton, es decir, su interés por la obra del autor del manifiesto del surrealismo.
Cuando hablamos de latinoamericanismo estamos hablando de un objeto muy difícil de aprender: no es una categoría preexistente, no es un concepto que ha sido construido por alguien que, efectivamente, nos obligue a ser latinoamericanos. No es una prohibición al universalismo ni al surrealismo, ya que ha dado lugar a la gran obra de Carpentier, a la gran obra de Lezama Lima, que no dejan de tener vinculación con algunos aspectos de la obra de Pichon-Rivière, sobre todo con sus grandes artículos sobre la noche, el fútbol. Me parece que también hay que buscarlo por ahí. Es un viaje a Latinoamérica: el latinoamericanismo no es un estar siempre ahí. Y es un viaje de un descubrimiento incesante, que llega hasta nuestros días y que no se va a agotar. En ese sentido también me parece que hay una posible latinoamericanización, si entendemos por esto una interconexión que involucra sorpresas territoriales, viajes y exploraciones que tienen el desarraigo como tema fundamental del existir y cierto prematuro existencialismo que está muy presente, es un capítulo interno de cierto extraño existencialismo que en este caso sí tiene vertiente latinoamericana.
En el esfuerzo de pensar esta latinoamericanización, me atengo a ciertas biografías, encuentros y familias de ideas que tienen algunos puntos convergentes. Pienso, a través de los textos y su irradiación, a veces casual, de significados coincidentes, en explorar otra posibilidad, un gesto que no me animo a definir claramente, por la envergadura que tendría. Me refiero a la posibilidad de que ciertas corrientes indigenistas contemporáneas puedan encontrarse, de alguna forma, dentro de la psicología social, de la psiquiatría o del psicoanálisis existencial de la Argentina, en cualquiera de sus vertientes. Esto podría ocurrir en la medida que se acudiera a los cimientos mitológicos y legendarios del pensamiento de los pueblos que originariamente habitaron estas tierras y cuyos legados viven de maneras muy secretas, muchas veces imperceptibles. Por eso, no es un nudo que alguien vaya a deshacer fácilmente, es tarea de una generación, es una invitación intelectual a reflexionar con los más altos instrumentos del pensamiento.
Y no dije “existencial” en vano. Voy a mencionar a Sartre. El ECRO (“esquema conceptual referencial operativo” de Pichon-Rivière) personalmente me produce cierta una incomodidad, esa sigla. La razón dialéctica de Sartre tiene la misma disposición para decir algo en relación a lo espiralado, al modo en que se producen los contrastes, al concepto anterior que se cancela para llegar a una experiencia superior, que son las fórmulas del pensar. Lo de Pichon es más o menos simultáneo a la Crítica de la razón dialéctica de Sartre, pero Sartre lo llama de otro modo, lo llama método progresivoregresivo. No le veo tanta diferencia, porque son todos los hijos de la dialéctica. Lo menciono porque, sin duda, si Sartre hubiera venido a Latinoamérica y se hubiera quedado, como los destiladores de naranjas de Horacio Quiroga, hubiéramos hablado de una latinoamericanización de Sartre, que no hubiera sido sólo la del huracán sobre el azúcar y otros compromisos que tuvo con Latinoamérica a través de la Revolución Cubana.
Lo latinoamericano sería, entonces, una apertura fuertemente evocativa de un conjunto de lecturas que provienen también de desterrados, provienen del gran pensamiento europeo, que no vamos a negar, mucho menos porque en este caso proviene de un pensamiento de exiliados, de ese pensamiento europeo que está en las márgenes, que está en la disidencia, que está vinculado a las grandes transformaciones sociales y cuyo eco está en Latinoamérica. Pero el latinoamericanismo es más que un eco, es un diálogo acuciado por la innegable historicidad que, si no hace diferente a la conciencia humana, la hace diferir en relación a sus experiencias de temporalidad y territorialidad. En cualquier época se escucha un eco que algunas veces es un grito dormido de las civilizaciones primitivas o que estuvieron primero en este lugar. Y también de todo aquello que se construyó en términos de una gran conjunción de ideas, que es la palabra surrealismo, que también yo pongo en discusión, pero que supone que hay una realidad, una otra cosa que la hace otra, que la arenga desde otro tiempo quebradizo, que la espiraliza, como diría Pichon-Rivière, que la convierte en una grieta existencial, que le permite una cura, en todas las enormes extensiones que tiene esta expresión.
Y en ese sentido me parece que la épica pichoniana, que es una ética terapéutica, científica, artística, existencial, es sumamente prometedora para este país y esta ciudad, podemos decir que para Latinoamérica, porque efectivamente, supone un escritor con un texto que se parece mucho al de Lautréamont, es un texto compuesto por sueños rotos, por símbolos enigmáticos, por el misterio de la escritura, y eso se parece mucho a lo que definiríamos como cierto inconsciente individual y social. Por eso, cuando esta historia comenzó puede haber uno que haya creído que el texto de Lautréamont era una mera invención de una capilla literaria que hacía de la terapéutica una burla y de la burla una terapéutica capaz de desentrañar las sujeciones del individuo que no le permitirían comprender el fondo irónico de toda experiencia. Y concluiría o tendría una estación primordial en un Pichon-Rivière que también, con esta misma imagen de Lautréamont, indica que el latinoamericanismo no es otra cosa que la visita absolutamente libre, libertaria diría yo, a los textos más importantes de la contemporaneidad, cualesquiera sean, que son los textos rotos, los rezagos de una civilización que espera que otra los complete. Los textos que tienen la carga del enigma son los que, quizás, un continente como Latinoamérica pueda desentrañar.
En ese sentido me parece que el viaje mismo de Pichon-Rivière, el intento de economía familiar de su padre desde el Chaco, la fundación del Partido Socialista de Goya, que es una experiencia extraordinaria de Pichon-Rivière, y su venida a la Buenos Aires de la calle Corrientes y del Luna Park, me parece que ahí se constituye un tipo de experiencia urbanoexistencial que no hace fácil el concepto de Latinoamérica, porque, frente a todo lo que dije, parece una abstracción. Pero que lo hace una efectiva promesa. Y como promesa, ya no como abstracción, el concepto Latinoamérica aún me parece que nos está esperando. Y el nombre de Pichon-Rivière va a tener mucho que ver con eso. Pero va a tener que ser leído como parte de una literatura universal que se hace latinoamericana y de ninguna manera desvinculada de las grandes fuentes del pensamiento filosófico, fenomenológico también y existencial de su época. Y sólo como individuos de una época que no tiene fronteras, me parece, podemos construir ese latinoamericanismo.

* Director de la Biblioteca Nacional. Transcripción de una conferencia pronunciada en el seminario “Pichon-Rivière como autor latinoamericano”, realizado en 2011. Incluida en Pichon-Rivière como autor latinoamericano, de Fernando Fabris (comp.), recientemente publicado por Lugar Editorial, que se presentará el próximo lunes a las 19 en la Biblioteca Nacional.

Fuente: Página|12