martes, 15 de julio de 2014

“La liquidez de Bauman es un modo de tratar la disolución de grandes estructuras que dieron solidez al orden social"

15.07.2014

En El retorno del péndulo, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman y el psicoanalista argentino Gustavo Dessal arman un contrapunto como para pensar cuestiones clave del mundo contemporáneo, teniendo como horizonte el concepto de liquidez del primero articulado a las hipótesis de Sigmund Freud y Jacques Lacan del segundo.


Publicado por el Fondo de Cultura Económica, el subtítulo reza sobre el psicoanálisis y el futuro del mundo líquido, conceptos que suponen una desarticulación de época o bien la entrada en otra.

Bauman nació en Poznan en 1925, es profesor emérito de Sociología en las Universidades de Leeds y de Varsovia; es premio Príncipe de Asturias 2010 y autor de más de una veintena de títulos.

Dessal nació en Buenos Aires en 1952, es escritor, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Es docente del Instituto del Campo Freudiano en España.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : Para empezar, ¿cómo se produjo tu contacto con Zygmunt Bauman? ¿Conocías sus libros?

D : Desde que cayó en mis manos Amor líquido, me convertí en un entusiasta seguidor de la obra de este hombre excepcional. Un sociólogo que escribe como poeta, un tipo auténticamente comprometido con aquello de lo que habla. Hace un par de años Bauman dictó un seminario de verano en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. Lamentablemente no pude asistir, pero gracias a una persona de mi amistad y confianza pude obtener su correo electrónico para proponerle una entrevista acerca de su relación con la obra de Sigmund Freud, a quien no deja de citar en casi todos sus libros. Para mi sorpresa, su respuesta fue inmediata y positiva, plena de generosidad y confianza en alguien que para él era un completo desconocido. Así se inició un intercambio de correos y de textos. Lo que comenzó siendo una entrevista, se convirtió en un diálogo sobre temas que son objeto de estudio tanto para la sociología como para el psicoanálisis. Y en esa conversación por escrito pudimos encontrar puntos de convergencia.

T : El concepto de lo líquido,  que podría equivaler a la decadencia de la autoridad o de la imago paterna, ¿pensás que Bauman lo inventó orientado por esa misma idea o bien por una ausencia de referencias en el mundo social que desemboca, creo que inevitablemente, en Freud?

D : Me gustaría recordar que aunque el concepto de lo líquido es posiblemente aquello que más se asocia al nombre de Zygmunt Bauman, no es ese su único mérito. Su obra Modernidad y Holocausto, por ejemplo, es posiblemente uno de los tratados más lúcidos sobre el tema del antisemitismo, y al mismo tiempo una anatomía de la relación consustancial entre el progreso científico-técnico y la barbarie. Allí no encontramos aún el concepto de lo líquido. Me dirijo ahora a tu pregunta concreta. Bauman utiliza conceptos y categorías sociológicas y filosóficas, y abreva en las fuentes freudianas. De modo explícito se considera tributario de Emanuel Levinas, y no tiene ningún empacho en reconocer que la obra de Lacan le supone una oscuridad en la que no ha tenido la oportunidad de internarse. Por lo tanto, creo que vincular la declinación de la imago paterna al concepto de liquidez ha sido una hipótesis a la que me he atrevido de forma personal, para ver hasta qué punto era posible encontrar una congruencia entre ambas cosas. La liquidez de Bauman es un modo de tratar la disolución de las grandes estructuras ideológicas que durante siglos dieron forma y solidez al orden social. La invención lacaniana del Nombre del Padre es algo verdaderamente extraordinario, posiblemente uno de los conceptos más lúcidos desde que Marx revelase la función de la plusvalía y Freud descubriera el inconsciente. Los intelectuales están aún muy lejos de haber percibido su significado. Crear un concepto que arroja una inmensa luz tanto sobre la clínica del ser hablante, como en el campo social e histórico -¡todo eso con un solo significante!- y explicar al mismo tiempo uno de los resortes fundamentales del discurso del amo durante siglos, es a mi entender una auténtica proeza intelectual.

T : Tus intervenciones parecen acomodar o poner en orden los conceptos de principio de realidad y principio de placer, introduciendo la cuestión de la pulsión de muerte y el goce. El libro, entonces, se vuelve, digamos, pesimista. ¿Cómo piensan Bauman y vos este asunto de cara al siglo XXI?

D: No querría que los lectores sacaran una conclusión pesimista de este libro, pero sin duda uno no puede evitar todos los posibles deslizamientos y evocaciones que una obra despierta en quien la recibe. Más aún: creo que un autor debe asumir la responsabilidad de todo aquello que suscita en los lectores, aunque ellos le devuelvan un sentido que no había tenido la intención de transmitir. Aquí vale el principio lacaniano de que uno siempre recibe su propio mensaje en forma invertida, por lo tanto no vale el argumento No es eso lo que quería decir. No obstante, me gustaría que el pesimismo de Bauman y el del psicoanálisis de Freud y Lacan no se leyesen como una actitud de derrota frente a la fatalidad de la historia o de la condición humana. Más bien debería interpretarse como un arma de resistencia frente a la perversidad de un optimismo que ha hecho del progreso una profesión de fe. Después de Auschwitz, la confianza ciega en el progreso es una posición obscena, inmoral, a todas luces inaceptable. En ese sentido, prefiero alinearme con el pesimismo, siempre y cuando -insisto- se considere una palanca para seguir avanzando en la lucha por la vida, por la dignidad humana, por los valores que contribuyen a resistir los embates de un sistema que degrada nuestra existencia.

T: André Green piensa que vivir infectado por la pulsión de muerte es complicado. ¿Cuál es tu idea al respecto, en un momento que en vastos sectores del planeta retorna el ama a tu prójimo como a ti mismo?

D: No conozco ese pensamiento de André Green, por lo tanto no me atrevo a opinar sobre eso. Si se refiere a que no es lo único que debemos tomar en cuenta tanto en el aspecto del sujeto individual como colectivo, estoy perfectamente de acuerdo. Freud nos legó su dualismo eros-thanatos, lo cual implica que no podemos ni debemos descuidar el hecho de que la pulsión de muerte no posee una autonomía absoluta. Por supuesto, existen fenómenos clínicos y acontecimientos sociales en los que reconocemos su primacía, su inquietante protagonismo. Pero es un error (y no sé si es eso a lo que André Green tal vez se refiere) que los psicoanalistas nos convirtamos en propagadores del terror intelectual. La pulsión de muerte, en tanto concepto, debe estar al servicio de arrancarnos de la ingenuidad de confiar que el bien es soberano, y que el placer comanda todos nuestros actos. Pero no hay razón para transformarla en un tema morboso. Nadie puede negar la lucidez de Paul Virilio, para tomar un ejemplo, pero sus reflexiones destilan un goce muy particular... ¿Ama a tu prójimo como a tí mismo? Quizás estoy equivocado, pero creo que el imperativo actual es mucho más sencillo de enunciar: Ámate.

T: Creo que es una preocupación común a ambos. Las redes sociales, imposible desconocer sus beneficios. De lo que no se habla demasiado es de sus zonas oscuras: encierro, paranoia, aislamiento, ausencia del cara a cara. En ese sentido, ¿el péndulo tiene retorno, y cuál sería, si lo hubiera porque creo es imposible ignorar a ese nuevo actor?

D: En una conferencia que dictó en Madrid, le escuché decir a Bauman cosas muy afinadas -y por eso divertidas- sobre las redes sociales. Recuerdo que hizo reír a un público de más de trescientas personas cuando dijo que no podía comprender cómo había gente que en Facebook tenía centenares de amigos ( incluso miles), y él en sus 89 años apenas había conseguido juntar unos pocos... Pero su observación más interesante -cada vez más evidente en la clínica actual- es el hecho de que hay mucha gente puede vivir casi solo en el mundo on-line. Esas personas suelen hallar muchas dificultades para moverse en la vida off-line ¡Y eso es absolutamente cierto! No es necesario ponernos en el ejemplo extremo de aquellos sujetos psicóticos que encuentran en el ciberespacio la única posibilidad de alojar algo de su ser (lo cual es una de los tantos beneficios de internet). Cada vez es más habitual, por ejemplo, que las parejas se formen, se seduzcan, se exciten, se peleen y se rompan a través del chat o del mensaje de texto, o el Whatsapp. Comenzamos a darnos cuenta de que las redes sociales y la comunicación virtual (más allá de sus ventajas, que están fuera de cualquier discusión) permiten que la presencia se ausente, si me permites expresarlo de ese modo. Todos los días los analistas recibimos a hombres que ya no se atreven a decir ciertas cosas a las mujeres en vivo y en directo, y se refugian en la protección del chat, la video conferencia, o sistemas semejantes.

T: Al paradigma disciplinario, del control, del espectáculo, se le suma ahora el del   cansancio. El cansancio físico como parte de un cansancio ontológico. ¿Cuál es tu posición al respecto, se trata de un nuevo estado de excepción, de un síntoma o de un estado de la época, o de eso todo junto?

D: Es muy interesante tu pregunta, porque me remite a algo misterioso, surgido en los últimos tiempos, y que la medicina ha diagnosticado como síndrome de fatiga crónica. Eso no existía antes, o al menos los casos no eran lo suficientemente numerosos como para justificar una categoría especial. Para el psicoanálisis, un cuadro semejante no es más que algo a interrogar, es decir, que no sabemos a priori lo que vamos a encontrarnos cuando escuchamos a un sujeto que nos habla de eso. Tal vez una psicosis encubierta, o estabilizada en ese fenómeno, tal vez una forma más sofisticada de la histeria clásica. Pero en cualquier caso, no deja de ser muy sugerente que esto se presente con una frecuencia cada vez mayor. Tal vez el cansancio ontológico al que te refieres, sea el efecto secundario de esa liquidez que ha contaminado a la sociedad. La precariedad existencial a la que estamos cada vez más sometidos (pese a las brumas de la felicidad con las que el marketing nos envuelve todos los días), hace la vida muy agotadora de llevar. 

Fuente: Télam

“Se gana cuando se juega en equipo”

Martes, 15 de julio de 2014 

Por Luis Bruschtein
 
Fue un acto discreto, en el campo de la AFA en Ezeiza, sin balcón y sin gestos demagógicos. Podría haber sido distinto, aun a pesar de la gente que atestaba la autopista 25 de Mayo y hacía imposible el tránsito por ella. La discreción fue una decisión política. La Presidenta reconoció que no es futbolera, aunque –dijo– “siempre estuve rodeada por fanáticos futboleros, desde mi madre (como todo el mundo sabe es fanática de Gimnasia y Esgrima La Plata) hasta Néstor (reconocido hincha de Racing). La discreción en este caso no fue para restar importancia, sino para subrayar lo genuino, lo espontáneo. Hubo una decisión de no sobreactuar en escenario y grandilocuencias para que se resaltara el contacto directo, la verdad de lo que se dijo.
Cristina Kirchner estaba emocionada, habló poco y exhortó a los jugadores y al director técnico a que tomaran el micrófono. “Se gana cuando se juega en equipo –afirmó–, cuando se pierden las individualidades; han brindado un ejemplo, han vuelto a generar valores y sentimientos olvidados, lejos del exitismo.” La idea fue exponer esa sintonía entre lo que proyectó la actuación de la Selección Nacional con determinados valores que destaca el gobierno nacional. Esa confluencia quedó más expuesta en las palabras del técnico: “Estoy muy orgulloso porque dejaron la piel –dijo Alejandro Sabella–, eso es lo que hizo entusiasmar a la gente. Así como usted dice que la Patria es el otro, el equipo es el otro. Hablar del grupo, de construcciones colectivas, del aporte del individuo al grupo y pensar en dar, no en recibir, para crear un círculo virtuoso, en el que uno reciba también de los 22 restantes”.
Se dijo que la Presidenta había hecho un discurso político. Que había querido aprovechar la identificación con esta Selección para profundizar un sentimiento de unidad nacional que deberá pesar en la disputa con los fondos buitre. “Sentí un inmenso orgullo de cómo defendieron los colores de los argentinos.” Se eligió esta frase presidencial para hacer esta afirmación sobre las intenciones políticas de la mandataria. En realidad, fue más política la frase que eligió Sabella. Pero en todo caso no se ve la ofensa que pueda surgir de cualquier gesto del Gobierno que se encamine a fortalecer la posición argentina frente a los capitales especuladores.
Sin embargo, las combinaciones de fútbol con política no se dan de una forma tan sencilla. Los puntos de contacto son más complejos e impredecibles. Por supuesto que hay ligazones, pero tienen sus propias lógicas y a veces pueden funcionar al revés de lo que se espera. En este caso específico, no se trata de la proyección de un triunfo copero. Tampoco se festeja el subcampeonato. Hay algo más, algo que muchas veces no es tan usual en estas situaciones. Algo que está relacionado con el juego, con la entrega, con la solidaridad, con el esfuerzo, con la garra y la combatividad y, por supuesto, también con los resultados, que no son menores. Pero hay un paquete de méritos que trascienden los resultados. No se trata del brillo de un triunfo resonante como todos hubieran querido, sino de algo quizá menos brillante pero que lo trasciende. Hay un contenido. Esta vez el fútbol, que muchas veces ha sido caricaturizado como algo simplista o pasatista, da una señal. La política puede recibir o rechazar ese mensaje que viene del fútbol.
La decisión oficial fue realizar una recepción discreta, sin cadena de radio y televisión, pero con la suficiente cobertura. En ese marco más bien acotado del predio de la AFA, la Presidenta se despojó de formalidades y pudo actuar como lo hubiera hecho cualquiera de las simpatizantes que habían seguido al ómnibus de los jugadores desde el aeropuerto hasta el predio. Fue efusiva cuando abrazó a cada uno, pero especialmente a Mascherano, que simbolizó para la hinchada el espíritu de lucha del equipo. Fueron abrazos entre afectivos y al mismo tiempo de ánimo ante las caras serias y tristes que traslucían más pesar por haber perdido la Copa que la alegría de haber disputado una final.
“Muchachos, no se escapen”, les pidió a los jugadores que trataban de esquivar el micrófono. Entrenados en una disciplina ultracompetitiva, la mayoría habló para disculparse por no haber ganado el Mundial y para agradecer el cariño de la gente, sin tomar demasiada conciencia todavía del fenómeno de identificación que han generado como grupo.
Antes de esa culminación, el mes del Mundial había puesto en escena dos actores. Por un lado, los jugadores y por el otro el pueblo, la hinchada que los siguió con un nivel de identificación mayor aún que con otras selecciones. La televisión marcó records históricos de audiencia. Millones de argentinos de todas las clases sociales, de todas las edades y de todos los rincones del país siguieron cada uno de los partidos, muchos con sus cábalas y todos con sus ilusiones.
Han quedado anécdotas, historias, en estos días de reunirse con los amigos o con la familia para gritar goles o festejar jugadas. En las previas, en los intermedios y después de los partidos, la televisión pública mostraba la forma en que la gente se reunía en teatros o centros deportivos en pequeñas localidades que algunos ni sabían que existían en este país.
Sería demasiado amarrete adjudicarle ese fenómeno solamente al aspecto comercial, al espectacular negocio en que se ha convertido el fútbol y los millones de dólares que involucra. Hay una parte que tiene que ver con el negocio y otra parte mayor aún que tiene que ver con el espectáculo y el deporte. Todo eso es el fútbol, es negocio, es deporte, es espectáculo. Y hay más cosas que están insertas en la cultura popular, en las tradiciones de una sociedad, en su identidad, en sus cuentos y leyendas. Todo eso moviliza a un pueblo, lo reúne, lo transita como su savia, le pone condimento a sus vidas. Un pueblo de Chubut que disfruta los partidos en el teatro local, una familia que se sienta a ver los partidos después de la raviolada o los choripanes, los amigos que se juntan con sus cábalas. Todo eso es parte de negocio, de espectáculo y deporte, de cultura, identidad y a esta altura ya es esencialmente un derecho.
Y como derecho, los gobiernos tienen la tarea de impedir su compartimentación, tienen que facilitar el acceso par
a todos, democratizar su disfrute. No se lo puede alambrar como hacían los paquetes de cable que reducían esa posibilidad a quien pudiera pagarlo y dejaban afuera a la mayoría de la sociedad. Es otro derecho ciudadano que los gobiernos deberán preservar. Si ese debate estaba en la sociedad, el Mundial acaba de confirmarlo: todos los argentinos tenían que tener la posibilidad de disfrutar los partidos del Mundial. Y eso es un derecho.
Hubo desmanes que enturbiaron los festejos. En un contexto donde la Selección no transmitía frustración a pesar de haber perdido, y en cambio proyectaba un sentimiento muy fuerte de identificación, resulta difícil compaginar los desmanes que se produjeron la noche del domingo en donde iban a ser los festejos en el Obelisco, en La Plata y en Córdoba. Miles de personas que se volcaron a las calles para festejar algo más que un triunfo o una derrota, y un grupo pequeño que se dedicó a robar y vandalizar los comercios de la zona.
Miles de personas se habían reunido en cientos de lugares en todo el país después del partido contra Holanda y no se produjo ni un solo incidente. Miles de personas se reunieron ayer a la vera de la autopista 25 de Mayo por donde iban a pasar los jugadores. Miles y miles con banderas, vincha y bombo y no se produjo un solo hecho de violencia. Lo lógico sería que si existiera un contexto que las genera, estas situaciones tendrían que haberse producido en cada concentración, y no solamente el domingo, y tendrían que haberse extendido y no quedar reducidas a los grupos de 30 o 40 personas, la mayoría de ellas alcoholizadas, que los protagonizaron. Y por la forma en que actuaron en los saqueos daba la impresión de estar organizados y previamente planificados. Varios de los detenidos tienen antecedentes por vandalismo como integrantes de las barras brava de Independiente y Chacarita. En todo caso, esos desmanes no forman parte del fenómeno que motorizaron la Selección y el Mundial.

Fuente: Página|12

lunes, 14 de julio de 2014

La depre de estar afuera

2 de julio de 2006

El bajón fue visible en calles, plazas y cafés: un país de caras largas, un viernes de silencio, muchos que no pudieron contener las lágrimas. Cuatro opiniones que comparten el luto, lo acotan y hasta tratan de explicarlo.


GERMAN GARCIA.

¿Qué perdió cuando Argentina perdió el Mundial? No perdió el placer de la jugada bien hecha ni la admiración por la destreza de algunos jugadores ni el júbilo del gol imprevisto ni la contrariedad de la ocasión que se perdió ni la alegría de confundirse en una unanimidad sin conflictos, sin diferencias de ninguna clase. Todo eso le ocurrió más de una vez en cada partido.
Decir que perdió el Mundial porque se perdió el Mundial no dice qué perdió cada uno. Cuando pierdo un objeto sin valor económico, que tiene, como se dice, un valor “afectivo” para mí, estoy seguro de haber perdido algo que no tiene precio.
¿Qué es lo que no tiene precio cuando una selección se consagra como la mejor del mundo, al menos en este campeonato? Se puede responder como Darwin: la diversidad de una población representada por una selección producida entre sus miembros quiere hacer reconocer la superioridad de sus aptitudes. Perder es, en ese momento, quedarse sin la ilusión de esa superioridad, es convertirse en objeto de burla para los rivales, es descubrir que no había más que el conjunto de emociones experimentadas durante el juego mismo. Y descubrir, también, que en tanto uno sólo vio jugar sus emociones son secundarias porque surgieron de una inmersión pasiva en el universo del juego.
Así, en un instante, se vuelve a la realidad de cada uno; ya no hay mundo ni mejores del mundo. Era un juego. Existe la experiencia de ese juego, existen las emociones que provoca ver diferentes avatares de ese juego (como en el cine, el teatro, la lectura de ficción), pero no hay nada más. No se aprende a jugar, como no se aprende a hacer cine, ni a ser actor o escritor. El sentimiento de realización personal que produce ganar, la tristeza de perder, es también una experiencia que se suma al juego como un plus: la suerte es merecida y la desgracia también. Ganar no sólo muestra que uno es el mejor, también muestra que es bueno y que se lo merece. Perder, mejor no hablemos: nadie cree en los campeones morales cuando juega con las reglas de una moral del éxito.
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MEMPO GIARDINELLI.

Un duelo chiquito, muchachos
Fue hermoso mientras duró. Qué duda cabe. Todos hermanados en una esperanza bien fundada, aferrados a la ilusión que nos daba una Selección bien trabajada y que pintaba para demostrar que –por lo menos en el fútbol– podemos ser los mejores del mundo.
Y quizá lo somos, porque ni Alemania ni la mediocre Italia han mostrado tener mejor equipo ni mejor fútbol que nosotros.
Pero claro, de entre ellos saldrá el campeón del mundo. Está cantado, y los árbitros parecen tener instrucciones precisas para lograrlo. Disimuladito, claro, pero sin fisuras.
Así que fue lindo y eso es lo que tenemos que celebrar. Duró poco, pero no tan poco. Veinte días de ilusión no es moco’e pavo. Y punto. Estuvo bueno, no corresponde un gran duelo. Mejor un duelo chiquito. Que ahí están los indígenas chaqueños fregados como siempre, ahí están los superpoderes, los celulares abusándonos a todos, el gobernador de Misiones con su reelección eterna como Gildo en Formosa, medio país lleno de pistas de aterrizaje clandestinas y encima se murió un joven talentoso como Fabián Bielinsky.
Hay tantos pero tantos duelos más justificables, tantos dolores profundos que nos sigue brindando este país, que hacer mucho drama por una eliminación futbolera resultaría hasta inmoral, ¿no?
Uno entiende que Ayala y Cambiasso se han de sentir como la mona, claro, y también el Pato que no tuvo ocasión de atajar ni un penal, en fin, pero los queremos igual a todos porque dieron todo. Jugaron bien y como queremos: con alma, huevos y sudor. Y encima se mostraron tan educados, sobrios y modestos que ni parecían argentinos. Una delicia, eso. Méritos inculcados por José Pekerman, seguro, un tipazo que le cambió el rostro, el tono y ciertos históricos gestos idiotas a la Selección Argentina.
De manera que duelo sí, claro, pero chiquito, vamos. Que la Argentina sigue con el 40 por ciento de su población en la pobreza y la indigencia, y nada indica seria ni consistentemente que se vaya a cambiar la pésima distribución de la riqueza con equidad y justicia. Y es claro que está muy bien, y hay que aplaudir, ciertas políticas K que muchos esperábamos desde hace décadas. Bien los derechos humanos, la educación, la cultura, la política de defensa, algunos logros en salud, bravo por todo eso. Pero falta tanto, tanto, y dan tanta bronca ciertos abusos del poder, que los duelos grandes siguen, todos, en pie. Se llaman hambre; chicos explotados y abusados y abandonados; un desempleo feroz que se pretende achicar dibujando que los jefes y jefas de hogar son laburantes, y un sistema fiscal que sigue haciendo pagar impuestos a los más pobres mientras los ricos, los chorros y los grandes evasores hacen congresos sobre políticas económicas y se preparan para la próxima temporada en Punta del Este.
Perdimos una clasificación que estaba al alcance de la mano y que merecimos mucho más que Italia o que Brasil. Sólo eso perdimos, ni siquiera un partido porque la Selección terminó el Mundial invicta. Y ninguna otra jugó mejor al fútbol que la nuestra.
Podemos sentir un genuino orgullo por todo eso. Tuvimos alegría e ilusión por veinte días. Y el viernes fue un día triste.
Pero lloremos por todo lo otro. Por esta eliminación, digo yo, apenas un duelo chiquito.
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SILVIA BLEICHMAR.

Miradas e intereses

Dicen algunos teólogos que cuando Dios mira para otro lado, cuando no ve o hace la vista gorda, la ausencia que deja su mirada abre el espacio para el eclipse de la potencia creadora de la vida. A veces Dios queda ciego por épocas enteras, o muere, como se dijo después de Auschwitz y Dachau. Sin embargo, siempre presto a resucitar con la esperanza, los seres humanos seguimos apostando a que el bien triunfe, que los justos sean premiados, que el esfuerzo encuentre compensación y que la inmoralidad encuentre castigo.
Por supuesto, hemos aprendido que la mirada humana reemplaza a la divina, y que el secreto está en no hacer nosotros mismos la vista gorda ante la carencia que precipita el sufrimiento. Si un niño tiene hambre no corresponde esperar que coma por milagro, y no ver su esqueleto es de alguna manera ser cómplices del mal, de la violencia que lo margina, de la desprotección a la cual se lo condena.
Del mismo modo esperamos que alguien, cuando tiene poder de decisión, vea lo que vemos, y realice las acciones pertinentes para ofrecer justicia, para subsanar la falta o el exceso que nos lleva al sufrimiento o que es producido en el otro humano.
Eso es lo que esperamos de la ley y sus ejecutores. Que su ceguera sea respecto al sujeto de la acción y no a la acción misma.
Por eso estamos desolados. Y nuestra desolación no implica la disminución de la autoestima. Porque la peleamos bien, y cuando nuestros muchachos cantaron el himno, con emoción acompañada sentimos, bien o mal, exageradamente o no, desde un patriotismo visceral, que eran un destacamento paradigmático de la batalla por la dignidad nacional, por la recuperación del respeto del mundo.
Y sabíamos que teníamos árbitros arbitrarios y no sólo un equipo de fútbol como opositor sino una maquinaria económica para la cual sólo contábamos con nuestro talento y decisión. Y lo demostramos todo el partido, y hasta llegamos a esperanzarnos con el triunfo. Pero Dios, o el árbitro, miraron para otro lado. Hasta el penal no cobrado y la inversión de tarjeta amarilla con la cual fuimos verdugueados, y el saludo cómplice con el cual un jugador del equipo oponente agradeció la truchada.
Y estamos desolados, pero enteros, porque hicimos más que lo posible. Y si hay algún error no alcanza para justificar la derrota, porque derrota en serio no tenemos. Perdimos un partido que debimos haber ganado: por precisión, por espíritu de trabajo, por superioridad técnica, por capacidad de resolución. La derrota es otra cosa: es devastación moral, puesta en tela de juicio de todas las certezas previas, sensación humillante de haberse equivocado, arrasamiento de la esperanza, caída del sistema de representaciones que sostuvo la batalla.
Ni en la historia ni en el fútbol estamos derrotados. Perdimos y seguimos apostando porque sostenemos la convicción, en un lugar importante de nosotros mismos, que aunque nos hayamos equivocado muchas veces y nos hayan pasado por encima, aunque Dios haya mirado para otro lado y haya permitido que perdiéramos tantos partidos en los cuales no sólo sacrificamos ilusiones sino vidas valiosas, potencialidades y aspiraciones, estamos seguros de que, levantándonos tambaleantes por la resaca del día después, no estamos derrotados.
Y estamos profundamente tristes. Cambiasso no lloró solo en el banco, todos, de algún modo, manifiesta o silenciosamente, lo acompañamos. No es la primera vez que las lágrimas corren sobre las líneas azul y blancas que atraviesan la cara de la hinchada, que en este caso nos constituye como una unidad que algunos consideran falsamente armada. No es mi caso. Creo que nos merecemos, de todas las maneras posibles, este esfuerzo de recuperación de la dignidad y el orgullo que abarca desde ganar la mayoríade las becas Guggenheim hasta escribir libros que nos ponen en la mirada del mundo, producir diseño y producir a los mejores jugadores de básquet del mundo. Esfuerzo que nos hubiera permitido ganar este Mundial, o al menos ser abatidos por los mejores y no por la arbitrariedad de los intereses que lo rige.
El Mundial del ’86 no lo ganamos por “la mano de Dios”, sino por ese segundo gol maravilloso de Maradona que quedó en nuestras retinas y corazones para siempre. La mano de Dios es arbitrariedad y no podemos confiar en la mirada que la rige, ya que cuando los ojos se ciegan y se entelan las cataratas que dan cuenta de su envejecimiento sólo la mirada humana puede rescatarnos de la soledad e injusticia a la cual nos condena. Por eso estamos tan tristes. No sólo por la caída de la esperanza, sino por la devastación cotidiana que sufre el esfuerzo ante la impunidad que lo banaliza.
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HORACIO GONZALEZ.

La depresión exquisita
Sabemos que el que inventó el fútbol fue un émulo de Pascal (si no creemos en nada, mejor apostar igual, por si algo existiese) o de Nietzsche (de la voluntad de poderío podemos pasar de repente a resguardarnos en nuestra propia liviandad). Pero el que inventó la definición por penales, fue simplemente un sadomasoquista. Allí se condensa la esencia del fútbol de un modo paradojal. Por un lado lo decapita, lo resume muy mal en una única figura, en un rápido gesto sumario. Por otro, le da un dramatismo sin igual, lo coloca al borde definitivo de la injusticia, glorifica el azar como una forma del agravio y lo deja en manos del llanto o de la arbitrariedad.
Así pudimos ver a Buenos Aires el día que perdió Argentina. Había un oscuro penal intimista en nuestra confusa conciencia de hinchas. En momentos en que nadie puede estar cierto de la verdad de su propio llanto –el llanto como gran referí entre la vida y la muerte, una muerte, al menos, de la que siempre volvemos–, un error del Ratón Ayala o del Cuchu Cambiasso nos obliga a pensar en el destino de nuestros lamentos. La transmisión televisada ayuda, hecha como está de la mención de los pseudónimos totémicos de los jugadores (el ratón, el leoncito, el pulga) y de más planos que una publicidad filmada por Wim Wenders en La Boca.
Ya tendremos tiempo, a la tevé, de maldecirla. Pero esos primeros planos de rostros con gestos arquetípicos (el dolor, el festejo con o sin burla, el sollozo asombrado, el “yo no fui” más o menos astuto), esos ángulos revertidos que nunca habían formado parte de la mirada heredada del espectador deportivo, que no exigió transparencia total ni saberlo todo (pero si va ahora a la tribuna, se mira en la pantalla de transmisión simultánea), todo eso hace del fútbol un nuevo catálogo sentimental para miles de millones, del que no será fácil recuperarnos pero que aceptamos que nos envuelva incluso con su humorismo enturbiado (“¡tirá la pelota a la tribuna!”, exclamó u ordenó en vano Bilardo ante nosotros, la “teleaudiencia”, en uno de los penales alemanes).
Un nomenclatura de nuevos sentimientos morales ingresa entonces por obra del fútbol mundializado, fórmula que paraliza a más de la mitad de la muchedumbres, del planeta (¿exagero?), pero también la suspende como en una dialéctica estancada, bien atajada, para advertirnos que tenemos que pasar a limpio nuestros sentimientos, pero apenas ofreciéndonos una cartilla muy corta de posibilidades.
No puedo creer que Sorin me represente en una cancha, como dice una publicidad, que Riquelme sea un demiurgo inescrutable con su desamparada sonrisa de orfanato, que Messi nos asombre mirando el piso en el banco de suplentes como si el juego ofreciera sólo escombros. Y sin embargo, las imágenes de decenas de cámaras escrutan todo, tratando de sorber la última gota de lo que puede representarse o imaginarse sobre un destino colectivo. Por un momento, una extraña totalidad nos sobrevuela, renegamos de ella pero está ahí, interrogándonos.
Nos dice si por acaso nos molestaría el festejo colectivo, (¿atinaríamos por ventura a ser desalmados lectores sebrelianos?), si nos fastidian los colores argentinos convertidos en una cosmética de mejilla, aunque los viejos hinchas de antaño simplemente no la hubieran imaginado. Y nos dice también si estaríamos preparados para afinar el llanto, o el gemir silencioso como el que de inmediato recorrió, como una flecha apagada, los lugares argentinos congelados frente a pantallas gigantes puestas en bares y escuelas. ¡Condenada geografía! ¿Quién sería capaz ahí de estudiar el Rin o el cuadrilátero de Bohemia?
El fútbol pervive porque es una gran creación catártica, pues con lo poco que tuvieron de griegos, los ingleses lo inventaron. Viene envuelto en la depresión exquisita que todo pueblo debe saber sentir. Brasil aún siente el gol uruguayo en Maracaná, en 1950, donde los postes de aquel arco fueron exorcizados, considerados maderos del mal. Acompañamos absortos los tristes anatemas de los jugadores argentinos que no convirtieron el penal, pero nosotros comprendimos. No eran los responsables proféticos de un pifia siniestra.
En el balance de nuestra conciencia, dispuestos a la indulgencia inmediata, al festejo módico y sustituto, al reconocimiento de que perdieron con honor (secretamente, el fútbol es un juego de honor, a pesar de todo), nos tomamos un taxi para ir al trabajo o atravesar algunas cuadras lejanamente abatidos, probando una Buenos Aires que en los silencios sin euforia también debe aprovechar para analizar los vaivenes de su alma devota.


Fuente: Página|12

sábado, 12 de julio de 2014

La Defensoría va a las villas

Sábado, 12 de julio de 2014

El titular de la Defensoría del Pueblo, Alejandro Amor, hizo los anuncios durante la presentación de la nueva imagen institucional y de los objetivos del organismo. Una aplicación gratuita para celulares permite hacer consultas y denuncias.

“Sacar la Defensoría a la calle” es la consigna que repitió una y otra vez el titular del organismo.


 Por Eduardo Videla
 
La Defensoría del Pueblo porteña sumará en las próximas semanas una nueva sede, que estará en la villa 1.11.14, en el Bajo Flores, junto a la escuela de la parroquia de los curas villeros. También inaugurará una oficina en el Aeroparque Jorge Newbery y otra en la estación Constitución. Los perfiles de los potenciales asistidos son completamente diferentes en uno y otro lugar, pero el propósito enunciado es uno solo. “Sacar la Defensoría a la calle” es la consigna que repitió una y otra vez el titular del organismo, Alejandro Amor, durante la presentación de la nueva imagen institucional y de los objetivos estratégicos del organismo. También anunció el lanzamiento de una aplicación para teléfonos móviles, para que los ciudadanos puedan hacer consultas y denuncias sin necesidad de acercase a una oficina.
“Queremos que la Defensoría esté allí donde está la gente”, dijo a Página/12 el titular de la Defensoría. Recordó que en junio se inauguró una oficina descentralizada en la Estación Terminal de Omnibus de Retiro. “Vamos a instalar oficinas en todas las villas de la ciudad”, agregó Amor. La primera estará en la 1.11.14, tras un acuerdo con el sacerdote Gustavo Carrara, párroco de esa villa. “Son lugares donde el Estado está ausente –comentó–. Por eso también vamos a estar en la villa 31 y en la 20.” Otras sedes previstas estarán en las comunas 9 y 13, antes de fin de año.
¿Por qué instalar una oficina en Aeroparque? “Porque por allí pasan miles de turistas, que a veces ven vulnerados sus derechos, especialmente aquellos con capacidades especiales que a veces se ven imposibilitados para viajar. Pero también vamos a estar en Constitución, que es la playa de transferencia de pasajeros más grande del país.”
El titular de la Defensoría también explicó la razón del diseño multicolor del nuevo logo que identifica a la institución. “Representa la heterogeneidad de la sociedad, la multiplicidad de derechos, el respeto por los pueblos originarios y la diversidad sexual.”
Amor asumió el 5 de marzo último, pero fue electo el 9 de diciembre por la Legislatura como consecuencia de un acuerdo entre los bloques mayoritarios. Abogado y dirigente del sindicato de trabajadores estatales porteños Sutegcba, en ese momento era legislador por el Frente para la Victoria. Ese mismo día fueron electos como adjuntos María América González (ex Proyecto Sur), Claudio Presman (UCR) y los macristas Lidia Saya, José Palmiotti y Oscar Zago. Ayer todos recibieron su diploma de manos del vicepresidente de la Legislatura, Cristian Ritondo, en un acto que se celebró en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
“La Defensoría no debe ser el eje de oposición de ningún gobierno, ni tampoco un ministerio”, aclaró, por las dudas, ante tanta presencia del PRO en los cargos directivos. “Es un organismo que debe defender y garantizar los derechos de los ciudadanos como lo manda la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. Tampoco somos neutrales, nosotros hacemos política institucional siempre a favor de los sectores más vulnerables.”
Amor anunció que la Defensoría también estará presente en las plazas de la ciudad, los fines de semana, en forma rotativa; también en las escuelas y en los centros de salud. Además, anunció que el organismo pidió formar parte del Consejo Consultivo de la Autoridad Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar), mediante una presentación realizada ante el Juzgado Federal Nº 2 de Morón, encargado de las relocalizaciones de las familias.
Otra línea de trabajo presentada ayer se denomina “La Defensoría en tus manos” y consiste en el desarrollo de una aplicación para utilizar en los teléfonos celulares, que permite realizar consultas y reclamos por esa vía. “Puede descargarse en forma gratuita. Allí el vecino carga su reclamo, se le brinda el número de expediente y se sigue el curso de la denuncia. Si la respuesta no es satisfactoria, la Defensoría pone su equipo de 90 abogados a disposición del denunciante.”
Todo ese despliegue, explicó, no requiere de una mayor inversión, ya que “los edificios descentralizados se están consiguiendo por comodato, sin pagar alquiler, y el personal que atiende es el de la Defensoría, al que se sumarán pasantes de distintas universidades”. Con ese fin, detalló, se han celebrado convenios con la UBA y las universidades de San Martín, Tres de Febrero y La Matanza. De todas maneras, Amor agradeció a Ritondo por su gestión para “la aprobación legislativa de la ampliación del presupuesto, que nos permitió afrontar los atrasos en los pagos de sueldos y la paritaria con los trabajadores de la Defensoría”.

Fuente: Página|12

jueves, 10 de julio de 2014

SEMINARIO: “VIDA COTIDIANA, TRAMAS VINCULARES Y SALUD MENTAL COMUNITARIA”



DIAS VIERNES 8, 15 Y 22 DE AGOSTO DE 2.014  DE 17 a 20hs.

Lugar: AGMER Entre Ríos – Av. Alameda de la Federación 114 (ex Rivadavia)
Auspicia: ATPSER -CTA
Seminario a cargo de: Hugo Alberto García (*)
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DIRIGIDO A: Docentes, Trabajadores Sociales, Psiquiatras, Psicopedagogos, Psicólogos, Terapistas Ocupacionales, Enfermeros, Médicos, Operadores Psicosociales, Comunicadores Sociales, Agentes Sanitarios, Estudiantes de carreras afines y Militantes Sociales y Políticos con inserción territorial.
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OBJETIVOS: indagar formas y estrategias de intervención que puedan ser operativas en lo cotidiano de nuestros abordajes vinculares en las instituciones y la comunidad, teniendo en cuenta el actual contexto socio-histórico y partiendo de la socialización de las  experiencias de los participantes del Seminario.
Identificación, problematización y abordajes de “Emergentes Psico-Sociales en el aquí-ahora-conmigo-entre nosotros”
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MODALIDAD DE CURSADO: Taller Grupal que incluye docencia (a modo de disparador temático), trabajo en grupos y plenario.
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Arancel: $100 por c/u de los tres encuentros.
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INSCRIPCION: hasta el  4 de Agosto de 2.014 al tel. 0343-4350734 o
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(*) Hugo Alberto García es Trabajador de la Psicología Social y Trabajador Social. Ex miembro del equipo de cátedra de Psicología Social de la Carrera Licenciatura en Psicología de la FHAyCS-UADER.  Actualmente tiene a cargo el Seminario de “Psicología Social en el campo educativo” de la FHAyCS-UADER.
Dirige desde hace varios años el blog “Somos Sujetos del Aprendizaje y de la Necesidad”:www.psicologiasocialenlacomunidad.blogspot.com  
Durante 2010/2011 se desempeñó como co-pensor de prácticas profesionales en el COPNAF. Durante 1997/98 cumplió funciones de facilitador grupal en el Programa Nacional de Animadores Comunitarios.
Desde 1984 ha venido trabajando en terreno con distintas problemáticas poblacionales de alta vulnerabilidad social: recuperación de la cultura popular costera de Puerto Sánchez;  con trabajadores del cirujeo de barrios Humito y Villa María y con personas y familias en situación de calle, entre otras. En 2006/2007 dirigió el proyecto de Voluntariado Universitario “Construyendo redes en salud mental”.